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Septiembre 21, 2009

¿Herramientas o caca de cocodrilo?

No sé los perros del lector (si los tuviere), pero a mi perra le encanta jugar con piedras y, más de una vez, se ha tragado una presa de la emoción del juego. Pues bien, resulta que los cocodrilos son mucho más aficionados a este extraño complemento alimentario, llevando habitualmente tal cantidad de piedras en sus estómagos que éstas pueden llegar a suponer el 5% del peso del animal vivo. Dichas piedras, denominadas gastrolitos, al chocar las unas con las otras en los gigantescos estómagos de estos antiguos reptiles, van produciéndose mellas y marcas en su superficie. Pero claro, este mismo proceso (guiado con un poco más de criterio) es el que utilizaban nuestros antepasados para hacer sus herramientas de piedra con las cuales cortaban piel o carne, o hacían otras herramientas. Si añadimos esta coincidencia al hecho de que, tanto nuestros antepasados como los cocodrilos, gustaban de las proximidades de los ríos, no es del todo sorprendente que, en una carta dirigida a la prestigiosa revista Nature, Patrick Dempsey sugiera que, quizás, algunas de las supuestas herramientas de piedra encontradas en recientes estudios no sean más que caca de cocodrilo.

Septiembre 3, 2009

La evolución es la leche

Normalmente, cuando pensamos en la evolución de los seres vivos, imaginamos sucesos que han ocurrido hace millones de años, pensamos en neandertales, en mamuts y en dinosaurios. A veces, nos olvidamos de que el proceso de cambio de los seres vivos nunca se detiene, es algo que está siempre en marcha, contínuamente a nuestro alrededor. Ejemplos visibles de evolución reciente se pueden encontrar en la selección y mejora por la mano del hombre, de diferentes razas de perros, vacas, caballos, cultivos, etc.

Otro ejemplo, en la propia especie humana, es la aparición de la llamada persistencia de la lactasa. La lactasa es un enzima (osea, una pequeña maquinita molecular que existe en el interior de los seres vivos) que se ocupa de procesar un cierto tipo de azúcar que hay en la leche y que se llama, qué sorpresa, lactosa. La lactasa corta la lactosa en trozos más pequeños de manera que la energía contenida en este azúcar pueda ser aprovechada por el ser vivo para sus funciones biológicas. Aunque, claro, antiguamente, antes de que el hombre empezara a domesticar animales productores de leche, no había ninguna razón para que los humanos conservasen la lactasa más allá de la edad en que somos amamantados por nuestras madres. Cuando, hace 10000 años (aproximadamente), se domesticaron los primeros rebaños, entonces ya hubo una razón.

La persistencia de la lactasa, es decir, el hecho de que humanos adultos sigan produciendo lactasa y sean por tanto capaces de aprovecharse de las ventajas derivadadas de consumir leche, coevolucionó entonces junto con el pastoreo y la domesticación de rebaños y, una característica que no existía hace 10000 años (no se ha encontrado el gen que determina la persistencia de la lactasa en ciertos esqueletos del neolítico) hoy es mayoritaria entre los europeos y algunos grupos humanos del norte de África y de Oriente Medio. Un ejemplo de rapidísima evolución (en términos de tiempos evolutivos, claro) y que nos afecta directamente.

Recientemente, un grupo de investigadores alemanes e ingleses han añadido nuevos datos a esta fascinante historia realizando un estudio que combina genética y antropología de una forma bastante innovadora. En dicho estudio, concluyen que, muy probablemente y suponiendo que una serie de hipótesis que hacen son correctas, la persistencia de la lactasa apareció hace unos 7500 años en una región entre los Balcanes y Europa Central.

Agosto 13, 2009

Una máquina expendedora para cuervos

A nadie se le escapa que la especie humana está cambiando muy rápidamente el planeta en que vivimos. Ahora bien, calificar este cambio de “malo” o de “bueno” ya es algo que depende del punto de vista (como no podía ser de otra forma).

Desde el punto de vista de los orangutanes, o desde el punto de vista de los corales (un ser vivo muy presente en esta página), por poner dos ejemplos, la aparición de la especie humana en la faz de la Tierra ha sido una noticia muy mala.

Sin embargo, existen otras especies a las que no les ha ido nada mal desde que estamos por aquí (al menos, por el momento). Un grupo que ha aumentado su número prácticamente a la par que el nuestro es el de los animales domésticos. En Bichomanía saben un rato de eso. Otro grupo que también ha mejorado sus tasas de reproducción y/o disminuido las de mortalidad gracias a las actividades de nosotros, los homo sapiens, es el de las llamadas especies sinantrópicas, o sinántropos. Término que, según Wikipedia, significa:

Sinántropo (del griego sin-, “junto con” + anthro, “hombre”) se aplica a especies de animales salvajes de varios tipos que viven cerca de los humanos, beneficiándose de los mismos y de los hábitats artificiales creados por éstos, como casas, jardines, granjas, calles, vertederos, etc.

La categoría de sinántropo incluye muchas especies consideradas plagas por los humanos, como ratas, gorriones, palomas o cucarachas.

Una especie que se dejan en la definición de Wikipedia y que también ha resultado ser un sinántropo muy eficiente es el cuervo.

En la siguiente charla de TED, el escritor y “hacker” Joshua Klein nos da algunas pinceladas acerca de la gran inteligencia que poseen estas aves, y sugiere que, en vez de buscar maneras para exterminarlos, deberíamos plantearnos la posibilidad de entrenarlos para que nos ayuden a realizar algunas tareas útiles. En la divertida charla de 10 minutos, Joshua demuestra su idea enseñándonos un curioso artilugio que él mismo ha construido: una máquina expendedora de cacahuetes para cuervos.

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